REGLA DE SAN AGUSTIN

"Conózcame a mi, Señor, y te conozca a Ti"

Nosotros tus hermanos, vivimos tu drama interior y necesitamos de tu experiencia.
Nosotros, los hombres de este siglo, como te ocurrió a ti en tu juventud, nos encontramos sin meta y sin faros...
Todos tus hermanos sabemos que en tu corazón se encendió una hoguera de amor.
¡Oh, hermano Agustín! Ven hasta nosotros.
Haz oir tu voz y que resuene en nuestro interior, repitiéndonos sin cesar que la vida de los hombres,
igual que la de los pueblos, tan sólo se mantiene a la lumbre del amor.
¡Oh Agustín, hermano nuestro! Ven y cambia de raíz, transformándola en Dios,
esta árida e infecunda civilización nuestra que se destruye a sí misma, perdido el rumbo y norte de su felicidad.
¡Hermano Agustín! Ven y no tardes en llegar hasta nosotros.
Muestra a todos los que andan a tientas en las tinieblas de la soberbia y del odio,
a todos los apóstatas, a todos los descarriados por los caminos del abismo,
a todos los que buscan la verdad sin encontrarla, a todos los Agustines de nuestros días,
el camino de la Verdad, del Amor, de la Felicidad.
Enséñanos a todos tus hermanos cómo, desde que Cristo estableció su cátedra en este mundo,
la paz y el amor, la luz y la salvación vienen solamente de Cristo y de su Cruz y de la obediencia al mensaje del Evangelio.
¡Baja desde tu cielo, Agustín, hermano nuestro, tú que un día saboreaste la amargura de nuestros trabajos
y la desilusión de nuestras esperanzas! ¡Agustín, hermano nuestro! Acércate a estos moribundos.
Ven , gran hijo de Mónica, escarba en nuestro pecho y pon tu dedo en nuestras llagas antes que la gangrena se apodere de nosotros. Haz resonar, bajo las ventanas de este mundo que se derrumba,
el grito que te salió del corazón decepcionado ante el fracaso de las realidades de este siglo:
“Señor, nos has hecho para Ti
y nuestro corazón estará siempre inquieto hasta descansar en Ti”.


-Fr. José Oroz Reta, O.A.R. (“Agustín, hermano nuestro")

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