Siguiente Vitral

CULTO A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

El culto a la bienaventurada Virgen María hunde sus raíces en el insondable y libérrimo designio de amor de Dios: La amó por nosotros; se la dio a sí mismo y la dio a nosotros. La misión maternal de la Virgen empuja al Pueblo de Dios a dirigirse con fiel confianza a aquella que está siempre dispuesta a acogerlo con afecto de madre y con eficaz ayuda de auxiliadora; por eso el Pueblo de Dios la invoca como Consoladora de los afligidos, Salud de los enfermos, Refugio de los pecadores. La Iglesia católica, basándose en su esperanza secular, reconoce en la devoción a la Virgen una poderosa ayuda para el hombre hacia la conquista de su plenitud. Ella, "la Mujer nueva", está junto a Cristo, "el Hombre nuevo", en cuyo misterio solamente encuentra verdadera luz el misterio del hombre, como prenda y garantía de que en una simple creatura -es decir, en ella- se ha realizado ya el proyecto de Dios en Cristo para la salvación de todos los hombres. Al hombre contemporáneo, de corazón dividido y espíritu angustiado, la Virgen, contemplada en su vicisitud evangélica y en la realidad ya conseguida en la Ciudad de Dios, ofrece una visión serena y una palabra tranquilizadora: la victoria de la esperanza sobre la angustia, de la comunión sobre la soledad, de la paz sobre la turbación, de la alegría y de la belleza sobre el tedio y la náusea, de las perspectivas eternas sobre las temporales, de la vida sobre la muerte.

(Exhoración Apostólica Marialis Cultus, Nos. 56 y 57)

Vitral Principal de Ntra. Sra. de Lourdes.


Volver